La ansiedad precompetitiva puede sentirse como una gran ola que sube desde el estómago hasta la garganta. Sí, a veces es útil porque te activa y te enfoca; sin embargo, otras veces te desborda. Intenta ver esa adrenalina como energía disponible: si la canalizas, te impulsa; si la dejas suelta, puede jugar en tu contra. En este artículo, te comparto un enfoque práctico, cercano y basado en evidencia para transformar los nervios en rendimiento.

Entiende lo que te pasa

Lo primero que debes saber es que la ansiedad precompetitiva no es un defecto. Más bien, es una respuesta normal ante un reto. Te explico lo que sucede: tu sistema nervioso libera adrenalina y cortisol, elevando la frecuencia cardíaca y agudizando la atención. El problema no es sentir, sino interpretar. Por ejemplo, al etiquetar las sensaciones como «peligro», la mente se acelera; pero cuando las lees como «preparación» recuperas el control.

Un truco simple es el reencuadre. En lugar de decir «estoy nervioso», prueba decirte «estoy activado». Este pequeño cambio disminuye los pensamientos catastróficos y mejora la autoeficacia. Presta atención a tus sensaciones en el momento, sin juzgarlas. Esto ayuda a romper el ciclo de retroalimentación negativa que alimenta la ansiedad.

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Respira para pilotar tu sistema

La respiración es una práctica sencilla poderosa, que funciona, básicamente, como un mando a distancia del sistema nervioso. Antes de competir, te sugiero practicar la técnica de respiración 4-6. Inhala 4 segundos por la nariz y exhala 6 por la boca, durante 2 a 3 minutos. La exhalación más larga activa el sistema parasimpático y disminuye la ansiedad.

Otra técnica útil es la “respiración por suspiro”: dos inhalaciones cortas seguidas de una exhalación larga. Tres a cinco ciclos pueden reducir la tensión muscular y clarificar la mente. Lo importante es practicarlas en entrenamientos para que en el día de la competencia salgan automáticas.

Ritual previo: tu ancla

Los rituales son prácticas que te pueden ayudar a ordenar los pensamientos antes de una competencia. El mío, por ejemplo, tiene tres pasos: comprobar material, revisar el plan y una frase clave o afirmación positiva. Los rituales, aunque sean simples, te ayudan a sentirte completamente preparado. Diseña el tuyo con acciones que puedas controlar y repetir siempre, sin depender de circunstancias externas.

Lo mejor es que incluyas un chequeo cuerpo-mente. En este sentido, escala tu activación o ansiedad del 1 al 10 y practica técnicas para ajustar. Si estás por encima de 7, respirar y afloja tus hombros. Si estás por debajo e 4, sube tu energía a través de música o saltos suaves. El objetivo no es estar 100% calmado, sino en una ventana óptima de rendimiento.

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Enfócate en lo controlable

Hay cosas que no puedes controlar, y eso está bien. No te dejes que tu atención se vaya a resultados, rivales o posibles errores. Puedes practicar volver al presente con una lista de controles:

  • Técnica clave
  • Ritmo respiratorio
  • Primeras decisiones

A su vez, establece metas de proceso y deja que el marcador llegue después.

También puedes usar palabras gatillo breves —“firme”, “fluye”, “claro”— para dirigir la mente. Si aparece un pensamiento intrusivo (“y si fallo…”), lo etiquetas como “planificación excesiva” y regresas al gesto técnico. La práctica deliberada de este retorno fortalece la concentración como un músculo.

Ensaya la presión

No hay magia el día de la competencia: lo que practicamos, aparece. Programo entrenamientos con mini-estrés: reloj a tope, público simulado, tiempos objetivo. Así mi cuerpo aprende que la activación alta es terreno conocido. También visualizo escenarios difíciles y ejecuto mi plan en la cabeza con detalle sensorial.

Después, reviso con una bitácora breve: qué funcionó, qué ajustar y cómo se sintió mi nivel de activación. Con esa información refino mi ritual y mis disparadores atencionales. Repetir cierra el ciclo de aprendizaje y reduce la incertidumbre en el próximo evento.

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Cuida los básicos

Prioriza el autocuidado. El sueño, la hidratación y una buena alimentación son esenciales. Duerme 8 horas cada noche antes de tu competencia, esto te ayudará a estabilizar tu estado de ánimo y también mejorará la toma de decisiones. No intentes experimentos con cafeína o suplementos nuevos antes del evento; así evitas sorpresas y tendrás mayor control.

Por otro lado, intenta rodearte de las personas que te brindan más calma. Si hay alguien que proyecta tus nervios, está bien tomar distancia. Recuerda que la calma es contagiosa, pero también lo es el caos. Por ello, tu entorno antes de competir también forma parte de tu estrategia.

No lo olvides: la adrenalina puede ser una gran aliada si la conviertes en un vector con dirección. Con autoconocimiento, respiración, rituales y enfoque, la ansiedad precompetitiva dejará de ser un monstruo y se transformará en un impulso. No se trata de eliminar los nervios por completo, sino de aprender a gestionarlos de la mejor forma.

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