Cuando llega el día de competir, mi mente quiere irse por atajos: repaso listas, miro el reloj, me pregunto si desayuné lo correcto. Entonces respiro y me recuerdo que la concentración no es magia, es un sistema que se entrena. Aquí te comparto cómo la construyo para rendir cuando el reloj corre y las manos sudan.

Preparación mental previa

La concentración del día de competencia empieza la noche anterior. Defino una intención simple (por ejemplo: “ejecutar con calma”) y visualizo tres momentos clave: inicio, punto crítico y cierre. Esta mini-película me ayuda a anticipar sensaciones y a reconocer señales de ansiedad sin asustarme. No busco perfección, busco familiaridad.

Antes de salir, hago una rutina corta y repetible: cinco respiraciones cuadradas (4-4-4-4), movilidad ligera y una frase ancla. La repetición le manda a mi cerebro el mensaje de “esto ya lo hicimos”. Si cambia el entorno, mantengo el ritual; la estabilidad del hábito compensa la novedad del contexto.

¿Quieres tener una mentalidad ganadora? Conoce mi programa aquí.

Entra en zona con respiración y ritmo

Para aterrizar en el presente uso el par 2:1: exhalar el doble de lo que inhalo durante dos minutos. Esto activa el freno interno, baja el ruido y mejora la fineza motora. Luego sincronizo respiración con la primera tarea técnica: cada transición importante va tras una exhalación larga, como un metrónomo que ordena el cuerpo.

El ritmo es tu amigo. Establezco “marcas” de tiempo (por ejemplo, chequeos cada 90 segundos) que previenen el pánico o la euforia. Si voy más rápido de lo planeado, reduzco una marcha; si voy lento, simplifico la próxima acción. La concentración crece donde hay compás.

Te puede interesar: El kit de supervivencia mental para el estrés diario

Foco táctico: qué mirar y cuándo

En competencia, el enfoque es selectivo. Defino de antemano dos señales externas (cronómetro, posición rival) y una interna (tensión de hombros). Si una alarma se dispara, ejecuto un micro-ajuste: relajo mandíbula, reseteo postura o ajusto cadencia. Tres segundos bastan para no perder el hilo.

Uso “ventanas” de atención: 20–40 segundos de foco estrecho sobre la tarea, seguidos de 5–10 segundos de foco abierto para escanear el entorno. Este vaivén evita la saturación y mantiene flexibilidad táctica. Pensar menos, decidir mejor.

Descubre mi programa de coaching para atletas.

Manejo de nervios y errores

Los nervios no estorban; son combustible. Les doy canal: sacudidas rápidas de brazos y respiración de suspiro (dos inhalaciones cortas, una exhalación larga). Si cometo un error, aplico el protocolo A-R-C: Acepto el fallo, Resumo lo siguiente en tres palabras, Continúo sin auto diálogo tóxico. No reabrir la herida en mitad del juego.

Después, cierro con un “post-mortem amable”: registro tres aciertos y una hipótesis de mejora. La próxima vez, esa nota será mi mapa. La concentración nivel élite no aparece; se fabrica, paso a paso, antes, durante y después.

Si te gustó este post, no te olvides de compartirlo y sígueme en mis redes sociales: Facebook e Instagram. También no olvides revisar mi programa de coaching para todos, Mentalidad Ganadora.